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Es apropiado espiar el móvil de tu hijo para protegerle, ¿sí o no?


¿Es adecuado espiar el móvil de nuestro hijo para protegerle de los peligros que puede encontrar en Internet y las redes sociales? La respuesta de muchos padres es un rotundo sí, ya que encuentran justificado esta invasión de la intimidad de los niños con tal de salvaguardarles de los riesgos online. Sin embargo, ¿cuál es el punto de vista de una psicóloga que también es madre de un adolescente? Hemos hablado con Gabriela Matienzo para saber dónde están los límites entre protección e intimidad de los niños.

Cuando vemos a nuestros hijos hablando durante tantas horas al día a través de las aplicaciones móviles de mensajería, incluso esbozando alguna sonrisa cuando les llega algún mensaje que les gusta, no podemos evitar preguntarnos sobre qué podrían estar haciendo o hablando con sus amigos. Si alguna vez te has aventurado a preguntárselo a tu hijo o hija directamente, es posible que hayas recibido una contestación cortante: 'Son cosas mías', 'no te interesa', 'no hablamos nada especial'...

Ante estas contestaciones poco transparentes (y que invitan a pensar que es muy probable que haya algo detrás), son muchos los padres que deciden aguardar a que sus hijos dejen el móvil sobre la mesa (con un poco de suerte) o a que se metan en la ducha, para espiar las conversaciones y las redes sociales de sus pequeños.

Lo hacen para ser conscientes de lo que sus hijos hacen en el mundo online: si se están exponiendo a algún peligro, si hablan de algo de lo que no deben, si envían mensajes comprometidos, si se están metiendo en algún lío... Sin embargo, aunque el objetivo es protegerles, lo cierto es que se trata de una intromisión a la privacidad de los niños. Esta cuestión provoca puntos de vista enfrentados entre algunos padres, que consideran que es necesario espiar el móvil de los niños, y los que lo consideran que sobrepasa los límites de la intimidad.

Según los niños van creciendo exigen tener un espacio personal de forma más urgente. Es sobre todo a partir de los 9 años aproximadamente cuando los pequeños empiezan a reclamar su derecho a tener privacidad. Y esto es algo que como padres tenemos que asumir y aceptar.

No se trata solamente sobre su intimidad en Internet, sino que esta privacidad se extiende a otros muchos aspectos del día a día. Muchas veces no somos tan conscientes de pequeñas acciones diarias que llevamos a cabo y que menoscaban su intimidad.

Un ejemplo de ello podría ser cuando vamos al baño sin avisar mientras se están tomando una ducha o cuando entramos en su habitación sin tocar la puerta... Pero también cuando miramos el historial de búsquedas de Internet de nuestros hijos y, por supuesto, cuando les cogemos el móvil o espiamos su perfil en las redes sociales.

¿Realmente no existe otra forma para proteger a los niños que quitándoles el móvil a escondidas?

- Hacer una reflexión como padres
En primer lugar, el hecho de sentir la necesidad de espiar el celular de nuestros hijos nos debe llevar a hacer una reflexión como padres. Y es que este debate invita a preguntarnos qué tipo de relación hemos construido con nuestros hijos y cómo la estamos nutriendo día a día.

Por ejemplo, si necesitamos ver el móvil de los niños para saber si hablan de temas inapropiados, es posible que no conozcamos lo suficiente a sus amigos. También debe hacernos pensar sobre si confiamos en ellos o si estamos seguros de que ellos confían en nosotros (y que en caso de necesitarlo acudirán a nosotros sin pensarlo).

- Mejorar la comunicación con los niños
¿Tenemos una comunicación sólida y efectiva con nuestros hijos? ¿Podemos preguntarles sobre este tema que como padres nos agobia? Quizá merece la pena mejorar el diálogo con nuestros hijos para que sean ellos los que nos cuenten más sobre sus hábitos en Internet, en lugar de ser nosotros los que sintamos la necesidad de espiarles el móvil.

- Ante las señales de alerta, pedirles que nos dejen ver el móvil
Si cambian su estado de ánimo, si parecen triste todo el tiempo, si se han vuelto más irritables últimamente, si hacen comentarios negativos relacionados con las redes sociales, si empiezan a sacar malas notas... Si notamos estas señales de alerta, tendremos que sentarnos con ellos y pedirles a la cara que nos dejen ver sus perfiles sociales o sus conversaciones. Debemos dejarles claro que si les estamos pidiendo esto es porque les queremos y que buscamos lo mejor para ellos.

- Instalar un filtro parental
Si establecemos un filtro o control parental en el móvil o tableta de los niños, podemos estar seguros de que no van a entrar en ciertas webs que consideramos poco apropiadas para su edad sin tener que espiar su móvil. Estas aplicaciones nos permiten limitar el acceso a los sitios web que nosotros decidamos.

- Llegar a un acuerdo con los niños
La negociación es una herramienta que puede ayudarnos a proteger a los niños de los riesgos que se pueden encontrar en Internet. Podemos llegar al acuerdo, por ejemplo, de que cada cierto tiempo nos deben enseñar el móvil pero, a cambio, les aseguraremos que ellos estarán presentes. Cuando lo acordamos previamente y comprenden que el motivo por el que queremos verlo es su protección, los niños estarán más abiertos a mostrarnos el dispositivo.

- Interesarnos por su día a día
Si las cosas van bien en el colegio, si tienen buenas notas, si no tienen problemas al relacionarse con los compañeros, si sabemos dónde están y a dónde van... ¡No tendríamos que vivir tan agobiados como padres!

No podemos olvidarnos que, si bien las pantallas, Internet y las redes sociales pueden presentar peligros a los niños, también son una herramienta muy útil para su educación. Es por ello que debemos enseñarles a utilizarlos de una forma responsable y conscientes de todo lo que allí se pueden encontrar.

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